Muchos de los políticos se sintieron satisfechos al demostrar que tenían razón en decirle al presidente que los precios del aceite se habían ido a las nubes. Mañana los noticieros no hablarían de otra cosa y los periodistas elegirían para entrevistar al que más hubiera reprochado el accionar del gobierno.
En el barrio alto, las mujeres salían al patio con delantales de plásticos, de esos que se usan para teñir el pelo, y volvían la cara al cielo, masajeando para que el aceite más puro del mundo les atenuara las arrugas.
Un auto lujoso se detuvo frente al monumento del teniente Agustín Sanfurgo y comenzó a tomar fotografías. Nunca nadie se preguntó el motivo. Tampoco se supo. Ni siquiera importaba.
De echo, el busto de Sanfurgo era un misterio, como la lluvia de aceite y el fotógrafo pije.

Se construyó durante el gobierno de Nicasio Rioverde, un presidente blandengue al que le gustaba tomar asiento en un sillón rojo gigante -del que le colgaban los pies- cuando recibía visitas en el Palacio de la Membresía –que era la casa de gobierno- y levantar los dos dedos meñique al tomar la taza de té.
“Para mañana se esperan fuertes precipitaciones. Aún no se tiene claridad de qué tipo, pero se sospecha que no durarán más allá del medio día”, dijo la señorita del tiempo en el noticiario nocturno.
Cada vez que recuerdo el día en que se inauguró el busto del capitán Sanfurgo, me viene a la memoria el discurso del presidente que culminó con algo así como: “los héroes de nuestra patria no son todos de carne y hueso”. Jamás llegué a entenderlo. Pero hoy creo que podría tener alguna relación con las lluvias y el hombre de la cámara fotográfica.
Aunque, quizás no haya querido decir nada. Cómo la vez que, en plena parada militar, para dar comienzo al desfile gritó: “Qué este árbol jamás de sus frutos”, lo que todos tomaron como un: “que comience el desfile”, pero nadie quiso rebatir. Yo creo que fue nada más que algo así como una frase suelta que sacó de un libro que no consiguió leer.
En otra ocasión, un periodista quiso pasarse de listo y le preguntó: Señor presidente ¿cuánto demorará la construcción del puente de hielo?, aludiendo a otra de las declaraciones de Rioverde, que decían relación con instalar puentes de bajo costo, traídos desde la zona preferencial obtenida en la antártica durante la última competencia de damas. Nicasio ni se inmutó para decir: “Los momentos no viene ni van, solo están, otros ya estuvieron, y los que no alcanzaron a estar, se perdieron”.
La lluvia declinó alrededor de las nueve de la noche, tal y cuál lo había hecho la de azúcar y la de curri, que no causó mayor expectación.
A esa hora salí del diario, pensando en qué ropa usaría al otro día. Todo dependía de lo que lloviera.
La que menos me gustaba era la de granos. Con viento se volvía demasiado violenta especialmente, al bajar del bus.
